Experiencias de Voluntariado


SETEM: Campo de Solidaridad en Etiopía 2009

Autor/a
Diego Gutiérrez Marañón
País
España
Provincia
Tenerife

Es una experiencia de Diego Gutiérrez Marañón

Nunca antes había oído hablar de SETEM. No se puede responsabilizar a la ONG de ello –bastante hacen con sus campañas e iniciativas – sino más bien a que yo no pertenecía al mundo del voluntariado y salvo aportaciones económicas a las ONG de mayor calado mediático o acciones puntuales, mi compromiso social se quedaba en las personas que tenía cerca.

A través de mi compañera supe de SETEM y sus Campos de Solidaridad. Alguna vez me había planteado la posibilidad de hacer algo así, viajar a algún lugar remoto, conocer otra realidad cooperando, pero no lo había puesto en práctica. Ni siquiera sabía como hacerlo. Un empujoncito en la espalda por su parte me sirvió para enrolarme y tras un pequeño proceso de selección me vi completando la formación requerida, con la vista puesta en un viaje que prometía ser diferente a todos los anteriores.

La formación previa al viaje que imparte SETEM es excelente. Tanto que se queda corta. Las actividades son miel en los labios y uno desea seguir atendiendo más fines de semana para descubrir nuevos puntos de vista. Se tocan muchos palos, cada cual más interesante, haciendo hincapié en la idea de que los puntos de vista a los que estamos acostumbrados no son los únicos. Idea afianzada tras el viaje posterior, un mes habitando una realidad diferente que termina dinamitando cualquier prejuicio previo.

El proyecto al que me uní junto a cuatro personas más (siempre se viaja en grupo en SETEM, convivir es parte de la finalidad del programa) giraba en torno a Elizabeth Abebe, la directora del “Good Samaritan Training Center”: un centro creado y liderado por ella que provee de una suerte de formación profesional a mujeres jóvenes y sin medios de Addis Abeba. Nuestra misión allí no era más que anecdótica. En un mes apenas da tiempo a “hacer” nada, pero sí se puede decir que lo que allí nos encontramos ni se parecía a lo que nos habían contado ni encajaba en nuestros prejuicios de lo que debe ser una mujer luchadora en un país del sur. Esto es precisamente lo mejor del viaje.

Una de las críticas que se le hace a la antropología decimonónica es el hecho de relatar siempre desde aquel único punto de vista centrado en la percepción occidental. El estudio de “el otro” siempre estaba mediado por los esquemas mentales del observador de turno. Los antropólogos postcoloniales cuestionaron todo esto, pero aun perviven en nosotros aquellos esquemas que nos llevan a pensar que al juntar en una misma frase las palabras “mujer”, “Etiopía”, “compromiso” y “formación” el resultado tenga que ser uno muy concreto, cuando de esta combinación de palabras se pueden conseguir muchas frases y con muchos significados diferentes. El que encontramos en Addis Abeba no era más que uno de los posibles. Resulta muy complicado transmitir una experiencia sin caer en tópicos, por eso no lo voy a hacer, ya que mi experiencia fue única e irrepetible, pero sí puedo transmitir que si se desea poner a prueba la capacidad personal de tolerancia y de apertura mental es necesario enrolarse en una experiencia así.

También se pueden poner a prueba las motivaciones personales para hacer este viaje. Muchas veces, tras un disfraz de buenas intenciones y actitud solidaria, se esconde un deseo personal de recuperar algo perdido no se sabe muy bien cuando ni donde. Las personas del sur, los miembros de estas sociedades que viven en la pobreza pero sonríen con efusión, parecen poseer el secreto de una felicidad que nosotros no tenemos, de una forma de vida que nunca hemos vivido y se nos antoja más auténtica que la nuestra. Como seguramente secundaría el crítico de arte Hal Foster, discriminar entre este profundo deseo de arrebatar sus secretos, lo último que nos queda por arrebatarles, y un sincero acto de altruismo ha de ser una de las principales conclusiones a obtener de un viaje de esta naturaleza. Un viaje que cualquiera debería hacer y que no es necesario repetir, igual que no es necesario repetir ningún día de nuestras vidas.

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