Experiencias de Voluntariado


Mi primera estancia en terreno

Autor/a
Andrea Jara García
País
Nicaragua

Es una experiencia de Andrea Jara García

Soy voluntaria desde hace años en ONGAWA y este año fui seleccionada para ir a Nicaragua junto con otro voluntario dentro del programa "Primera Estancia en Terreno", que permite a los socios y voluntarios conocer de primera mano los proyectos que esta ONG lleva a cabo en el Sur.

Estuve sólo 3 semanas en Nicaragua, y digo "sólo" porque realmente el tiempo parece encogerse en una experiencia de este tipo. El programa con el que viajábamos es formativo, por lo que allí se ayudaba en las tareas de oficina en las que se pudiera, aunque esto no era lo importante de la estancia.

La sede principal de ONGAWA allí y en la que estuve trabajando está en Jinotega. Esta ONG está presente en el programa TERRENA, un programa de gestión integral del terreno cuyos objetivos son, entre otros, mejorar la gestión del agua y disminuir la vulnerabilidad de la población.

Al ir con este programa no se recibe compensación económica alguna, aunque se puede buscar alguna beca por alguna otra vía. En mi caso, recibí la ayuda de viaje en cooperación de la UPM, que está pensada para cubrir únicamente el viaje, así que el alojamiento y manutención allí corren siempre de cuenta del voluntario. Por suerte, no es un país nada caro, ni para el día a día, ni para hacer un poco de turismo.

En la oficina de Jinotega pudimos ayudar haciendo una base de datos que recopilara todos los proyectos de sistemas de agua potable hechos en la región. Resultó una tarea más engorrosa de lo que se había previsto en un principio, por la falta de registros que establezcan límites entre comunidades, por lo que hubo que reunirse varias veces con los responsables de la municipalidad de allí.

Me sorprendió mucho el trato que nos daban a los voluntarios en todos estos eventos, ya fueran reuniones formales u otro tipo de actos. Siempre se preocupaban por presentarnos al resto de la gente, recalcando el hecho de que éramos voluntarios y que estábamos allí para ayudar. Todos valoraban mucho el que estuvieras echando una mano y ensalzaban el trabajo hecho, aun cuando, como ya he dicho, era algo accesorio, ya que la estancia allí estaba más basada en la formación y el conocimiento del programa que llevan a cabo.

Tuve la oportunidad de hacer alguna salida a una comunidad en la que se estaba construyendo un sistema de agua y de conocer a algunos de los beneficiarios. Me impresionó el nivel de compromiso que requería un proyecto de este tipo, aunque fuera a una escala pequeña, como es la de una comunidad. Son los mismos beneficiarios los que se encargan de todo el trabajo para el que no se requiera personal cualificado, por lo que, al iniciar el proyecto se comprometen a hacer unas determinadas horas de trabajo, dentro de lo que entra cargar material, cavar zanjas... Supongo que me chocó tanto porque no fui capaz de imaginarme la situación equivalente aquí. Me emocionó ver a la gente haciendo un esfuerzo por obtener un bien común.

El ambiente en la oficina también era muy bueno. Todos se mostraron muy colaboradores y no perdieron nunca la paciencia, aunque les preguntara cientos de dudas sobre los proyectos, los beneficiarios, las municipalidades, la comida, los autobuses, Nicaragua...

El conjunto de la gente de la oficina, la gente de las comunidades y la gente que se conocía en la calle, simplemente hablando, hicieron que me llevara un muy buen recuerdo de este país y de esta experiencia. Totalmente recomendable.

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