Experiencias de Voluntariado


Clases de conversación de inglés a tibetanos/as que huyen a la India, una experiencia inolvidable

Autor/a
Patricia Ferrer Medina
País
España
Provincia
Madrid

Es una experiencia de Patricia Ferrer Medina

Como si del destino se tratara después de haber hecho un curso de meditación en un centro budista tibetano en Madrid y de haber vivido con mis maestros el duelo el asesinato de uno de sus monjes en Tíbet, la búsqueda de voluntariado me puso en contacto con un proyecto en McLeod Ganj a través de Hacesfalta.org y de Viajes Tumaini.

McLeod Ganj es la sede del gobierno tibetano en el exilio en el norte de la India. Allí los tibetanos que han huido de su tierra se concentran en busca de una vida en libertad.

Durante un mes trabajé para una ONG local llamada Tibet World cuyo lema es “Tibet meets the world and the world meets Tibet”. Su objetivo es dar formación prácticamente gratuita a todos los adultos que han cruzado la frontera y quieren labrarse un futuro mejor en la India.

La historia de Yeshi su fundador, que emigró con solo 14 años atravesando el Himalaya en un viaje de película que duró nada menos que cuatro meses es impresionante. Empezó dando clases de inglés en su salón y en tan solo cuatro años ha conseguido alquilar un edificio de tres plantas en el que aloja voluntarios y da clases a cientos de tibetanos. Clases de idiomas, de yoga, de artesanía… cualquier cosa es buena para ampliar sus horizontes.

En mi caso particular coincidí con las vacaciones de invierno de los colegios (Enero y Febrero) así que habían organizado un “Winter Program” que viene a ser como nuestros campamentos urbanos de niños. Di clases de conversación de inglés a niños de 13, de 15 y a adultos.

La experiencia fue muy gratificante y enriquecedora por varias razones. La primera pero no más importante que las demás por los voluntarios con los que tuve la oportunidad de trabajar, eran casi todos tibetanos que ya habían estudiado sus carreras y querían ayudar a su comunidad a prosperar. Gente que vive su filosofía budista de la no violencia hasta el final y con todas sus consecuencias, gente que tiene grabado a fuego en su ADN el vivir para ayudar a los demás. En segundo lugar por el propio proyecto, en Tibet World te sientes como en tu propia casa, son una pequeña familia, acogedores, sonrientes y muy cariñosos. En tercer lugar por los alumnos. Cada uno tenía su cosa diferente, pero en las tres clases tuve oportunidad de hablar de muchas de sus tradiciones, costumbres y cultura que me hizo aprender mucho de ellos. Las clases de los adultos que eran la mayoría monjes eran deliciosas, eran como niños, la misma inocencia, la misma ilusión por lo más sencillo.

Aparte de esto tuve la oportunidad de apadrinar a un niño que cruzó la frontera con tan solo 5 años y que vivirá en un internado sin sus padres a los que probablemente no volverá a ver en su vida. Tuve la oportunidad de conocerle y jugar con él antes de volverme. Fue precioso ver que según pasaban los días y las visitas, sin entendernos ni una sola palabra se fue creando un vínculo que hacía que cada vez que asomaba mi cabeza por su ventana me sonriera y viniera corriendo a recibirme. Espero que en un futuro pueda volver a visitarle para ver cómo está creciendo y comprobar el maravilloso trabajo de educación que hacen los colegios tibetanos que acogen a todos y cada uno de los niños que cruzan hacia la India sin sus padres.

Ahora que he vuelto a España tengo mono de McLeod Ganj, es un sitio pequeño y no especialmente bonito. Pero tiene una energía muy especial, los Tibetanos tienen una energía muy potente que no te deja indiferente. Y desde mi punto de vista su cultura y filosofía de no violencia tiene mucho que aportar al mundo.

>> Accede al blog de Patricia Ferrer para leer sus experiencias de voluntariado Internacional: https://hippiepija.wordpress.com/


 

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